La Toxicología y las Funciones Esenciales de Salud Pública
Marzo 2026
La Toxicología es la disciplina que estudia los efectos nocivos de los agentes químicos (y muchos agentes físicos y biológicos) sobre los seres vivos.
Tradicionalmente se la ha asociado a la clínica de las intoxicaciones y al análisis de sustancias, pero su papel es mucho más amplio, constituyéndose como una de las bases científicas centrales de la Salud Pública moderna. Esto se hace evidente si se analiza su relación con las once Funciones Esenciales de Salud Pública (FESP) definidas por la Organización Panamericana de la Salud, que demuestra que la Toxicología es fundamental para las FESP.

FESP 1: Monitoreo y evaluación de la salud y el bienestar, la equidad, los determinantes sociales de la salud y el desempeño e impacto de los sistemas de salud. La Toxicología aporta la evidencia científica para entender cómo las exposiciones químicas y ambientales afectan la salud de las poblaciones, permitiendo: a) identificar qué contaminantes (metales y metaloides tóxicos, plaguicidas, solventes, compuestos orgánicos volátiles, disruptores endocrinos), en el aire, en el agua, en el suelo, en los alimentos, en los productos de consumo, deben vigilarse; b) definir biomarcadores de exposición y efecto (plomo en sangre, colinesterasa eritrocitaria, metabolitos de hidrocarburos y pesticidas en orina, etc.) para cuantificar la carga de exposición en la población y aplicar en encuestas y sistemas de vigilancia; c) relacionar condiciones de vivienda, trabajo y ambiente con riesgos toxicológicos, y así medir inequidades ambientales y de salud; d) aportar evidencia sobre los grupos poblacionales que están más expuestos y sufren más daño tóxico (pobres, trabajadores agrícolas, habitantes cercanos a industrias o basureros); e) evaluar si las políticas y regulaciones (límites de contaminantes, prohibición de sustancias, controles ocupacionales) reducen efectivamente la exposición y los daños; f) proporcionar criterios para guías clínicas y protocolos (manejo de intoxicaciones, vigilancia de trabajadores expuestos) y evaluar su impacto con indicadores toxicológicos.
Además, aporta criterios para interpretar los datos y vincularlos con enfermedades, desigualdades y desempeño de políticas.
FESP 2: Vigilancia en Salud Pública, control y gestión de los riesgos para la salud y las emergencias: también se apoya fuertemente en la Toxicología. Los sistemas de vigilancia de intoxicaciones agudas y crónicas requieren saber qué sustancias son prioritarias, cuáles son sus dosis tóxicas, qué síntomas producen y cómo detectarlas en el organismo. En situaciones de emergencia química –derrame industrial, siniestro en el transporte de mercancías peligrosas, incendio en planta de agroquímicos, liberación accidental de gases tóxicos– la Toxicología orienta la respuesta: establecimiento de zonas de seguridad, definición de medidas de protección personal, priorización de antídotos y tratamientos, y estimación de la magnitud potencial del daño en la población expuesta.
FESP 3: Promoción de la salud: suele pensarse en relación con estilos de vida (actividad física, alimentación, etc.), pero también incluye la promoción de entornos saludables. Aquí la Toxicología brinda la evidencia para campañas que promueven hogares libres de humo de tabaco, uso seguro de plaguicidas, reducción de quemas de basura, disposición adecuada de medicamentos vencidos o sin uso, correcta manipulación de solventes y pinturas, y otras conductas que disminuyan la exposición a sustancias peligrosas. Conocer los efectos tóxicos, sobre todo en niños, embarazadas y trabajadores expuestos, permite elaborar mensajes claros y convincentes dirigidos a la población.
FESP 4: Participación social y empoderamiento de las personas y comunidades: requiere información técnica traducida a un lenguaje comprensible. Comunidades que viven cerca de rellenos sanitarios, industrias, pulverizaciones agrícolas o carreteras con alto tránsito necesitan entender los riesgos químicos que enfrentan. La Toxicología, adecuadamente comunicada, ayuda a que las personas reconozcan fuentes de exposición, identifiquen síntomas tempranos y puedan exigir a las autoridades medidas de control y remediación. De esta manera, contribuye al empoderamiento ciudadano y a la vigilancia comunitaria de los riesgos ambientales.
FESP 5: Políticas públicas para la salud: la Toxicología actúa como fundamento científico para la formulación de leyes y normas. La decisión de prohibir o restringir un insecticida, fijar límites al contenido de sustancias tóxicas en pinturas, regular emisiones industriales o establecer estándares de calidad del aire y del agua se basa en evaluaciones toxicológicas de riesgo. Estas evaluaciones consideran dosis-respuesta, vulnerabilidad de grupos sensibles, escenarios de exposición y relación costo-beneficio de las medidas. Sin esa base, las políticas carecerían de sustento técnico y podrían ser insuficientes o, por el contrario, innecesariamente restrictivas.
FESP 6: Regulación y fiscalización en salud pública: muy relacionada con lo anterior. No basta con dictar normas; hay que implementarlas y fiscalizarlas. La Toxicología aporta conocimiento para definir límites máximos permisibles de contaminantes en agua potable, alimentos, aire, suelos y ambientes laborales. También orienta los métodos de muestreo y análisis, y ayuda a interpretar los resultados: si se excede un valor de referencia, se puede estimar el riesgo potencial y priorizar acciones. Asimismo, permite evaluar si la fiscalización y las sanciones son efectivas al observar, por ejemplo, descensos sostenidos de niveles de plaguicidas, compuestos orgánicos persistentes, metales y metaloides tóxicos en matrices biológicas y ambientales.
FESP 7: Equidad en el acceso y la calidad de los servicios de salud: incorpora la dimensión de justicia ambiental. Estudios toxicológicos y epidemiológicos han demostrado que la exposición a contaminantes se concentra con frecuencia en poblaciones pobres, comunidades rurales dispersas, barrios informales y trabajadores con empleos precarios. La Toxicología hace visible esa carga desigual al documentar mayores niveles de biomarcadores tóxicos y más efectos adversos en estos grupos. Con esa información, los sistemas de salud pueden planificar servicios específicos (Toxicología Clínica; centros de información, asesoramiento y asistencia toxicológica; programas de vigilancia ocupacional) con enfoque de equidad, garantizando la atención de quienes más lo necesitan.
FESP 8: Desarrollo de la fuerza de trabajo en salud: requiere que el personal de salud –médicos, farmacéuticos, enfermeros, epidemiólogos, laboratoristas, inspectores sanitarios, etc.– reciba formación básica en Toxicología. Sin estos conocimientos, es difícil reconocer una intoxicación, diagnosticarla, tratarla, notificarla adecuadamente, investigar su origen y proponer medidas de prevención que aborden todo el “árbol de causas”. La Toxicología, por tanto, contribuye a los contenidos curriculares de pregrado y posgrado, así como a las capacitaciones continuas, fortaleciendo la capacidad de respuesta del sistema de salud frente a riesgos químicos.
FESP 9: Investigación, innovación y evaluación en Salud Pública, donde la Toxicología tiene un doble papel. Por un lado, genera conocimiento nuevo sobre sustancias emergentes, tales como nanomateriales, residuos de fármacos en el agua de riego y el ambiente en general, disruptores endócrinos, nuevos plaguicidas o mezclas complejas de químicos. Por otro, ofrece métodos para evaluar el impacto de las políticas implementadas. Por ejemplo, compara niveles de plomo en sangre antes y después de su eliminación de artículos de consumo (combustibles, pinturas), o mide cambios en la incidencia de intoxicaciones tras la regulación de un pesticida específico. Esta retroalimentación es esencial para ajustar y mejorar las intervenciones en salud pública.
FESP 10: Gestión y gobernanza de la Salud Pública implica tomar decisiones sobre prioridades, recursos y coordinación intersectorial. La Toxicología aporta evidencia científica que se constituye como insumo para priorizar riesgos químicos en la agenda sanitaria, al mostrar su contribución a la carga de enfermedad y a los costos sociales. Además, sirve como lenguaje común entre los sectores de salud, ambiente, trabajo, agricultura, industria y educación, facilitando la elaboración de planes nacionales de seguridad química, protocolos de respuesta ante emergencias y acuerdos de cooperación.
FESP 11: Gestión y promoción de las intervenciones sobre los determinantes sociales de la salud: se nutre directamente de la Toxicología Ambiental y Ocupacional y de la Toxicovigilancia en general. Contaminación del aire, agua insalubre, vivienda inadecuada, empleo peligroso y urbanización desordenada son determinantes sociales que se traducen en exposiciones tóxicas concretas. La Toxicología permite medir esas exposiciones, vincularlas con enfermedades y mostrar cómo se distribuyen inequitativamente. Sobre esa base, se diseñan intervenciones para lograr vivienda digna, transporte limpio, condiciones laborales seguras, regulación de agroquímicos y planificación urbana, con el objetivo de reducir la exposición y, por ende, las desigualdades en salud.
En síntesis, la Toxicología atraviesa todas las Funciones Esenciales de Salud Pública. Es una herramienta estratégica que permite transformar la información sobre xenobióticos en decisiones políticas e intervenciones concretas para proteger la salud de la población, con especial atención a los grupos más vulnerables.
Integrar plenamente la perspectiva toxicológica en las FESP es, por tanto, una condición necesaria para avanzar hacia sistemas de salud más preventivos, equitativos y orientados a la justicia ambiental.
Susana García, Médica, Magister en Toxicología, Especialista en Medicina del Trabajo
Presidenta de la Sociedad Iberoamericana de Salud Ambiental (SIBSA)